En vano busco y busco palabras de amor. Jamás podré terminar esta carta, principalmente porque ya no te quiero. Nunca te quise. Siempre me he dicho lo mismo y si alguna vez lo hice, terminé convenciéndome de lo contrario. Antes, la idea de divisarte entre la gente me ponía. Algo me ponía, no sé si un calor tembloroso entre las piernas o una sensación en el estómago que se me subía a la cabeza: eras tú. Un escalofrío en la espalda cada vez que me abrazabas. Una picazón en el cuello cuando me rozabas con tu barba. ¿Pero quererte? yo nunca te quise. Acaso la necesidad de oírte de vez en cuando, apenas eso. Y no te escribo para que sufras, eso es lo peor , es que ni siquiera necesito que sufras. Tampoco te desprecio. Sólo creo que es lo más sincero de mi parte. Así como tu fuiste sincero antes y yo te pedí que te quedaras, que te fijaras, que me prestaras atención. La sinceridad no, como esta vid de la que comen todos, nos alimenta esta vez, mi guapo. ¿Recuerdas que solía llamarte así? Mi guapo. Y a ti te gustaba porque decías que me brillaban los ojos cuando te lo decía. Que sepas que no se me iluminaban de amor.
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